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22 junio, 2018

¿QUÉ ESTOY LEYENDO? LLÁMAME POR TU NOMBRE

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Cuando un libro llega a mis manos lo primero que hago es abrir sus hojas, hacerlas pasar rápidamente como una baraja de naipes y olerlo… Si les digo que este huele a verano y a duraznos, seguramente ya saben de qué libro estoy hablando.

Llámame por tu nombre (Alfaguara, 2008) es la primera novela de André Aciman (Egipto, 57 años) y como esas primeras experiencias que nos marcan y darán la pauta para nuestras futuras decisiones en la vida, es una delicia de principio a fin, de dulce y amargo en la misma medida y tiene la misma dosis de ingenuidad en el amor que el dolor de esa primera gran separación, esa de la que creemos nunca nos vamos a poder recuperar (y sin embargo, siempre terminamos superando).

La novela fue exitosamente llevada al cine el año 2017 y la protagonizaron Timothée Chalamet y Armie Hammer, en un filme dirigido por el italiano Luca Guadagnino y con el excelente guión del maestro James Ivory y que le valió el Oscar al Mejor Guión Adaptado este año. Y aunque las comparaciones son odiosas y muchos habrán visto la película, solo puedo decir que, en mi opinión, ambos pueden ser complementarias.

Porque puedes primero leer la novela o ver la película, o creer que cuando lees a Elio estás viendo al joven Timothée actuando, porque la portada de la versión de la novela publicada en Chile tiene a los protagonistas del filme mirando al cielo azul en un día de verano, o porque ambas te transportan a la calurosa campiña italiana de los años ochenta y puedes escuchar el piano, las ruedas de las bicicletas en los adoquines del pueblo o ver a un par jóvenes y bellos hombres sumergirse en un riachuelo, lo cierto es que tanto la novela como la película huelen a verano y a durazno.

Llámame por tu nombre te seduce desde las primeras páginas, tal como lo hace Oliver con Elio casi sin darse cuenta. Cada uno de los episodios narrados en primera persona por Elio contienen toda la sinceridad e incertidumbre que nos invade en la adolescencia y está contada con tal honestidad que nos conecta íntimamente con esa emoción, con esa etapa en que toda nuestra preocupación es leer las señales de un otro que es objeto/sujeto de nuestro deseo pero que sin embargo es indescifrable, infranqueable pero irresistible.

“Reconozco el deseo cuando lo veo y, sin embargo, esta vez se me pasó por completo. Iba en busca de la sonrisa maliciosa que arrojase una repentina luz sobre su gesto cada vez que me leyese la mente, cuando lo único que quería era piel, tan solo piel”, reflexiona Elio en las primeras páginas, y con ello ya nos sitúa en esa desesperante etapa en que creemos que la gran experiencia de nuestra vida, el gran amor, se nos puede ir por entre los dedos como arena en el mar, y no queremos errar, nunca, ni con el más mínimo detalle, porque lo único que buscamos en el fondo, es que nos quieran, que esa persona que ocupa prácticamente todos nuestros pensamientos y nuestros actos, nos mire, nos elija, nos desee, nos llame por su nombre.

Llámame por tu nombre es una novela sobre el amor, sobre enamorarse completamente con el espíritu y el cuerpo, y por supuesto, sobre el dolor de la separación, de los golpes de realidad que terminan cuando acaba el verano, cuando el ser amado ya no nos ve, cuando pasan los créditos de una película o cuando llegamos a la última página de un libro.  

Sólo puedo agregar que Aciman logra transportarnos a ese primer gran amor adolescente, a aquel que nos marcará para el resto de la vida y que pese a todo el dolor infligido, volveríamos a repetir una y mil veces.

Por Lorena Palavecino, periodista de Penguin Random House, Grupo Editorial / @ lore_palavecino

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