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12 julio, 2018

¿QUÉ ESTOY LEYENDO? EL CUENTO DE LA CRIADA

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Llegué a Margaret Atwood (1939) a través de la serie The handmaid’s tale. El año pasado, por accidente, vi el tráiler en Youtube y las capas rojas en los tonos lúgubres de las escenas llamaron de inmediato mi atención. No logré entender ni siquiera a grandes rasgos de qué se trataba, pero quise verla, así que la bajé por Torrent.

La historia me atrapó demasiado porque habla de la vulnerabilidad y vulneración de los cuerpos femeninos, pero no desde la fragilidad, sino desde cómo el entorno social los violenta constantemente.

Primero vi la serie, luego busqué el libro. Me pasó que hace poco vi el texto en la vitrina de una librería, lo miré y me lo llevé. El cuento de la criada (1985) es una historia que te atrapa porque te hace sentir y recordar que las dictaduras y las catástrofes sociales pasan, que somos nosotros mismos los que las propiciamos. Que nosotros hacemos esas cosas.

Gilead es un infierno para la humanidad pero, sobre todo, para las mujeres. Esta es una “República” que tiene lugar en el actual espacio de Estados Unidos, en un ecosistema en que la sociedad está teniendo problemas de fertilidad y ante esto, las fuerzas conservadoras del país se toman el poder y establecen un régimen dictatorial. Basándose en el Génesis y en un pensamiento bíblico-cristiano, se sienten con el poder de someter a las mujeres fértiles, perseguirlas, amaestrarlas y violarlas en un ritual en donde todo está perfectamente calculado. El fin es, únicamente, la reproducción para que los líderes tengan descendencia.

Las capas rojas de las criadas son un claro emblema de sangre y dolor. Las mujeres en esta historia no pueden elegir, solo se pueden someter a una situación analogable a la de los judíos en la Segunda Guerra Mundial. Porque acá también hay campos de concentración, trabajos forzados en situaciones precarias para todas aquellas mujeres que no sigan las reglas del régimen, y la esperanza de escapar del país a un lugar en donde la libertad aún exista.

Esta es una historia que devela la crueldad humana, las jerarquías y la imposición de ideologías bajo el alero de la religión. El miedo es parte del día a día en un lugar en que todos los sujetos cumplen una función específica, tienen uniformes y deben acatar órdenes estrictas. Aquí no está permitido pensar, pues cuando los personajes piensan por sí mismos, sufren los peores castigos. Morir por lapidación, que te saquen un ojo o una extremidad, no es algo poco usual en Gilead, lo único que les interesa es el útero de las mujeres fértiles. Ahí está la debilidad del régimen.

Pero pasa que Gilead no es tan lejano. Si extrapolamos la situación y la traemos a Chile, podemos ver figuras públicas y líderes políticos que replican modelos y patrones que perfectamente podrían salir de los labios de los líderes teócratas de El cuento de la criada, quienes nos muestran un mundo totalmente normado y deshumanizado. Por eso es peligroso permitir los discursos de odio y aquellos que instan a reprimir a las personas, porque insisto, Gilead no está tan lejos.

Por Jorge Urrutia, Licenciado en Letras Hispánicas  y director de Weye / @estadodevista

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